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Donde está el Bitcoin

Pese a que, desde un punto de vista estrictamente técnico, pueda parecer relativamente irrelevante, desde un prisma jurídico la localización física de los bitcoins sí que tiene una importancia que, más pronto que tarde, saldrá a relucir.

Es irrefutable que una de las características de Bitcoin es precisamente su carácter descentralizado. Es más, es innegable que dicho carácter descentralizado es precisamente uno de los pilares sobre los que se asienta y el que garantice su éxito futuro.

Igualmente y respecto de su regulación, ya hemos anticipado en un artículo anterior que, desde el mismo momento en el que sirve para transmitir valor de un punto a otro, Bitcoin ha nacido regulado.

Sin embargo, no es menos cierto que esa regulación (al menos en España), se antoja insuficiente para cumplir con el fin que pretende, toda vez que dicha normativa no fue creada específicamente para regular divisas digitales. Es más, parte de la normativa que sería de aplicación a Bitcoin data de antes de la misma existencia de Internet y, en algún caso arrastra más de un siglo de existencia. Ello hace tremendamente difícil encajar Bitcoin en una normativa que no fue creada para ella, sino que le es de aplicación, en muchos casos, por analogía.

Es precisamente en el referido carácter descentralizado donde se pone en evidencia la carencia de un marco regulatorio adecuado. En este sentido, la actual legislación no alcanza a comprender que algo pueda no estar físicamente en ninguna parte (y en todas al mismo tiempo).

Hasta ahora, en asuntos “de Internet” (cualquiera que haya tenido la oportunidad de leer una Sentencia que versara sobre sobre websites, dominios o encriptación sabrá apreciar el tono irónico del entrecomillado) tanto al legislador como al Juzgador les ha bastado con saber que existía un servidor que albergaba el contenido, aunque éste estuviera en Mozambique o en Kuala Lumpur.

Sin embargo, el referido carácter descentralizado de Bitcoin ha dejado obsoleto el marco normativo y jurisprudencial que hasta ahora habíamos tenido (al menos en España).

En consecuencia con lo anterior, en las próximas entradas de esta serie de posts –¿Dónde está el Bitcoin?-, iremos desgranando ejemplos en los que la determinación de la localización de los bitcoins pueda tener especial relevancia, tales como la determinación de la Jurisdicción aplicable a una controversia basada en criptodivisas, la existencia o no de obligación de declarar los bitcoins como bienes y derechos en el extranjero o la dificultad a la hora de utilizar medios físicos o técnicos para trabar un embargo sobre divisas digitales.

Y a los lectores. ¿Se os ocurren más ejemplos en los que la localización de los bitcoins pueda tener implicaciones jurídicas? ¿Cómo creéis que se debería determinar la localización de los bitcoins a efectos legales? ¿Creéis que es necesaria una regulación específica para criptodivisas?

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Este artículo ha sido redactado conjuntamente por Antonio Gómez de la Cruz Alcañiz, Abogado especializado en Derecho Civil y Mercantil y por Alejandro Gómez de la Cruz Alcañiz, Abogado especialista en fiscalidad de criptodivisas.

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  • perepere

    Partiendo de la base que los bitcoins no existen, es decir no son ficheros con una extensión “.bitcoin”, creo que es complicado intentar orientar el artículo como “donde están los bitcoins” o similar. Los bitcoins son el nombre que toman como resultado las operaciones que se representan en la cadena de bloque, esta si: distribuida. Las claves que gestionan unos “fondos”, unos apuntes, si está centralizada (a no ser que uses claves multifirmas que empiezan a tener además también un carácter descentralizado…). Vamos que hay trabajo pa’ rato aquí.

    • Alejandro Gómez de la Cruz

      Hola perepere. Gracias por tu comentario.
      Precisamente eso que planteas es a lo que nos referimos y sobre lo que van a tratar los siguientes artículos de esta serie. Con la palabra “Dónde” ni siquiera tratamos de hacer referencia a una ubicación física.
      Los bitcoins, como bien dices no son ficheros y no se alojan en ningún servidor (“en concreto”), sino que son meros apuntes contables en la blockchain (registro contable si preferimos llamarlo así). Lo relevante de todo esto es que esa blockchain tampoco tiene un punto de conexión con ningún territorio en concreto porque es descentralizada. Y es este concepto de descentralización el que choca con gran parte del derecho de las distintas jurisdicciones (sean del país que sean).
      El punto al que queremos llegar es a que las legislaciones existentes no fueron redactadas teniendo en cuenta que algo pudiera existir y no estar en ningún sitio (en sentido contrario, unas acciones podrán vincularse a donde esté establecida la sociedad que las emite, una patente a la ubicación del registro en el que inscriba, un inmueble al suelo en el que se sitúe).